9 principios para educar en el aula

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Educar no es un don exclusivo ni una ciencia exactan ni siquiera una teoría que determinadas profesiones puedan arrogarse. Educar es sacar lo mejor de cada persona. Eso ocurre en el hogar, la escuela, en el barrio o el club de baloncesto. Si no que se lo pregunten a esas personas resilientes, que pese a sufrir una vida de penas gracias a un entorno maltratador o negligente, encontraron en una persona cercana justo la empatía y el cariño que  necesitaban para salir reforzados y más humanos de semejantes condiciones.

Sin embargo no podemos olvidar que aquellos entornos en los que más tiempo permanecemos inmersos tienen una mayor influencia en nuestro desarrollo. Uno de ellos es la escuela. A menudo pienso que la escuela (o algunos docentes), centrada en el saber académico, ha olvidado que los niños son educados todo el tiempo con las interacciones y experiencias que viven allá donde están. Que ese “en casa se educa, en la escuela se enseña” es una especie de quimera, solo aceptable si el ser humano fuera capaz de apagar todo los circuitos neuronales y receptores celulares relacionados con las emociones, para acumular datos y conocimientos, pudiendo darle al botón de “reset” una vez que atraviesa la puerta del colegio y deja de ser sujeto escolar por unas horas.

Por eso me tomo la libertad de hacer aquí algunas recomendaciones para las aulas, ya que los maestros educamos todo el tiempo. Y los niños recogen, para bien y para mal, todo lo que les transmitimos:

  1. Sé flexible con los tiempos siempre que puedas: los niños no son máquinas de precisión sino seres humanos, complejos y dotados de una gran capacidad para saber cuándo una actividad resulta estimulante y provechosa. No cortes su trabajo para poder completar los ejercicios del tema 6 de Matemáticas si están enfrascados en una creación teatral, artística o un juego.
  2. Los niños son seres humanos completos con los mismos derechos que los adultos: restringir las evacuaciones, saciar la sed o el movimiento de forma rígida, es un tipo demal-trato aceptado en muchos centros, sin que por ello sea menos grave. Confiar en los niños y permitirles satisfacer sus necesidades es un gran aprendizaje que necesitan desarrollar en la infancia, para poder llevar una vida saludable y tomar las mejores decisiones en su adultez, decisiones bañadas de responsabilidad y felicidad.
  3. Escucha a tus alumnos, es un derecho fundamental de la infancia reconocido en la Convención de los Derechos del Niño. Escuchar no significa preguntar su opinión o permitir que cuenten anécdotas sobre sus mascotas o vacaciones. Escuchar es plantear preguntas, fomentar el debate y facilitar que tomen decisiones en los asuntos que les afectan. Y todo lo de la escuela les afecta. Escuchar es una parte fundamental de otro derecho de los niños: la participación. Reducida a menudo a la elección de delegado y a establecer las normas de clase resulta insuficiente para formar a los futuros ciudadanos de nuestra sociedad.
  4. Puedes usar algunas palabras y frases muy útiles y educativas como: ¿qué necesitas?, ¿cómo estás hoy?, gracias por tu implicación, ¿crees que puedes revisarlo y hacerlo mejor?, puedes estar orgulloso de tu trabajo, ¿qué has aprendido?.
  5. Enséñale el valor de la empatía poniéndote en su lugar; enséñale el valor del diálogo preguntando su opinión y respetándola; enséñale el valor de la honestidad cumpliendo tus promesas; enséñales el valor de la tolerancia reconociendo sus virtudes sin compararle con otros; enséñale el valor del esfuerzo dedicando tiempo tú a aprender cómo atender la diversidad del aula; enséñale el valor de la convivencia realizando actividades grupales como seña de identidad de tu estilo de enseñanza; enséñale el valor de la responsabilidad evitando usar tu móvil o tablet para uso personal durante las clases; enséñale el valor de la paz trabajando los conflictos en cuanto aparecen, con herramientas adecuadas.
  6. Crea momentos de clase memorables: recíbeles al principio del curso con una actividad especial, en la que puedan aportar desde su experiencia y visión del mundo; comparte tiempo de juego con ellos; asómbrales con aparatos y cachivaches para que los desmonten; fomenta su participación en actividades solidarias y la búsqueda de soluciones para los problemas de la clase, del cole o sociales.
  7. Entrégales el protagonismo y el control sobre su vida celebrando asiduamente asambles de aula donde establecer normas conjuntas, resolver conflictos y hacer propuestas de trabajo.
  8. Respeta su mundo fuera de la escuela: mantén una comunicación constante con sus padres; infórmales de la evolución de su hijo con el respeto de quien sabe está ante las personas más importantes de la vida del alumno; elimina los deberes obligatorios y las tareas excesivas, que limitan el desarrollo de actividades beneficiosas y necesarias para un sano crecimiento.
  9. Supervisa las relaciones entre los alumnos, trabaja los conflictos en cuanto hagan su aparición, debate, escucha, pregunta y ayuda a las víctimas y a los hostigadores, ten en cuenta las quejas de un niño. Evita las etiquetas, comentarios irónicos y amenazas: esas actitudes fomentan la violencia.

Y si tienes dudas sobre si lo estás haciendo bien, es realmente sencillo: pide a tus alumnos que te evalúen.

Mª Pilar Gómez San Miguel-Fundadora y co-directora de REDEN

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Huelga de deberes en defensa de los niños

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Estreno el blog de REDEN con el tema del mes y del último año y medio: los deberes. Sobre ello ya tratamos en nuestra página de Facebook y tuvo una repercusión enorme entre los lectores: hablo de las 10 razones contradictorias que sustentan los deberes

Me alegro enormemente de la “huelga de deberes ” convocada por CEAPA. El debate está en la calle, en las escuelas, en la reuniones de AMPAs y en los hogares. Y ya era hora. Quizá los deberes sean una de esas realidades socialmente aceptadas desde hace años, sin la que no concebimos el sistema educativo y la práctica docente diaria. Quizá por eso sea tan difícil llegar a un acuerdo ¿o no tanto?

Estos días surgen artículos por doquier, unos a favor y otros en contra. Y como nuestra Red trabaja por la defensa de los derechos educativos de los niños, hemos decidido plantear algunas verdades para que nadie se llame a engaño.

En primer lugar respondemos a las acusaciones que convierten a los padres pro-huelga en progenitores comodones, poco comprometidos y desnaturalizados, que pretenden que la escuela les eduque a los niños mientras ellos se pasan el día de fiesta. Desde nuestra experiencia y el análisis histórico, las huelgas han tenido lugar por aquellos que se sienten oprimidos, que necesitan ser escuchados y que arriesgan (cada quien lo suyo) alzando la voz contra lo socialmente aceptado o impuesto. Los padres que han optado por apoyar esta huelga son en gran medida los que más se preocupan y se ocupan de la educación de los hijos. Aquellos que quieren verles disfrutar y crecer como niños, que están hartos de contemplar cómo dedican el 66% de su tiempo despiertos (unas 8 horas) a escuela+deberes. Padres comprometidos que están dispuestos a soportar un conflicto con el profesorado, su entorno cercano, incluso con sus propios hijos, para asegurarse de que esos menores recuperan los niveles de bienestar que les corresponden. Y si esto no fuera así, si entre este grupo pro-huelga hubiera padres menos preocupados que los otros, generalizar sobre sus razones y lanzar acusaciones sin fundamento me parece cuando menos un atrevimiento y también un argumento de pobre valor para defender las tareas obligatorias.

Acudimos aquí a algunas verdades que quedan muy bonitas en el papel, pero que después cuesta aplicar con coherencia, para tratar de explicar el hartazgo de muchas familias. Para corroborar que no se trata de sobreprotección y que otros antes ya hablaron de estas cosas. Aunque no lo sepamos o no nos acordemos.

En primer lugar traemos la Convención de los Derechos del Niño:

  • En su artículo 16 establece el derecho de los niños a no ser objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada o su familia. Una injerencia es un entrometimiento (ver Diccionario de la RAE) y los deberes lo son en muchos casos en la medida en que no permiten que cada niño y familia estructure el tiempo del que dispone en función de sus gustos y/o necesidades.
  • En su artículo 31 establece que los niños tienen derecho al juego y al esparcimiento, a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural. En estos días he leído a docentes y padres explicando su experiencia de infancia con los deberes, cómo cumplir con ellos no les supuso ningún trauma. El sentido común nos dice que tratar de aplicar las experiencias personales y convertirlas en ley no tiene sentido dado que somos individuos diferentes y únicos. Y a nivel científico, porque para nosotros la Educación bebe de la ciencia y es una labor profesional, refleja la ignorancia de quienes la esgrimen. Hay quien podría argumentar que los niños ya juegan los fines de semana (serán los que no tienen deberes o llevan pocos). Pero siendo el juego el estado natural de un niño (no lo decimos nosotros sino la psicología reciente) ¿podríamos erigirnos en los programadores de los tiempos infantiles? ¿Acaso no sería más positivo observar a los niños para averiguar su su tiempo libre y de juego es suficiente? Basta con analizar su estado de ánimo. Un niño que tiene dos o tres horas diarias para elegir lo que hace, que juega, que se aburre, que inventa, lee por placer…que está visiblemente contento, es un niño que tiene su necesidad de juego cubierta. Por el contrario, los menores con todo su tiempo ocupado por obligaciones y planificadas las horas que dedica a una y otra actividad (colegio, comidas, extraescolares, deberes, baño…) y que expresan irritabilidad, desencanto, protestas, claramente tienen una situación de escaso juego. Porque el juego no es una concesión, es un estado natural, como hemos dicho más arriba.

 

Es bastante desconocido el hecho de que los deberes estuvieron severamente recortados -casi prohibidos- a partir de 1973.

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Por lo tanto no es ni descabellado ni extraterrestre que existan protestas en estas semanas: la nota ministerial de 1973 decía cosas tan interesantes como que, de verse en la necesidad de establecer tareas para casa por ausencias prolongadas u otras razones graves que hubiesen impedido el normal seguimiento de las clases, éstas en ningun caso disminuirían el tiempo que los niños de este nivel de enseñanza (EGB, hasta los 14 años) debíann disponer para el juego, el descanso y la convivencia en el seno del hogar.

Ante la exasperante situación en la que se encuentra una parte del alumnado de este país, con días de 2 y 3 horas de deberes en cursos como 3º de Primaria, con fichas enviadas a casa para niños de 4 y 5 años, con represalias, amenazas y coacciones como estímulo para que los niños hagan dichos deberes, comprendemos y apoyamos esta huelga.

Defendemos el diálogo como el modo más eficaz y positivo para llegar a un acuerdo. Estamos convencidos de que es posible y la experiencia de muchos padres así lo demuestra: en el momento en que exponemos los conflictos que tienen lugar en casa, la desmotivación de nuestros hijos, la falta de espacio personal y familiar que se ha visto invadida por los deberes, muchos profesores escogen también la vía del acuerdo.

Igualmente otra parte del profesorado mantiene su postura de que estos deberes sirven para afianzar conocimientos, las rutinas de trabajo y la capacidad de esfuerzo.En situaciones en las que es imposible llegar al entendimiento, usar acciones reivindicativas es un modo de manifestar el hartazgo. No se trata de política, ni de autoridad o de ver quién puede más. Se trata de los niños, de su presente y su futuro. De su bienestar. Somos los padres los que, cuando existe una crianza consciente, percibimos claramente el malestar y el sufrimiento de los hijos. Ante eso ¿cuánto tiempo más considera el sistema, los opinólogos, determinados docentes, que hay que esperar? ¿Quién puede ofenderse porque queramos defender a nuestras crías?

Este puede parecer un artículo beligerante, y quizá lo es. Nos gustaría que los deberes fueran objeto de un debate mucho más sereno y reflexionado, más allá de tratarse de forma reactiva desde las familias y el profesorado. Esperamos que eso llegue pronto. Mientras tanto, apoyamos a las familias que se sienten invadidas, cuyos hijos estén sufriendo por tareas repetitivas, poco estimulantes y maratonianas, que ven quebrantada su libertad para usar su tiempo libre como estimen oportuno, para que se opongan y ejerzan su derecho a defender y procurar el bienestar de sus hijos.


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Artículo de Mª Pilar Gómez, fundadora y co-directora de REDEN, Maestra, Coach de Familia e Inteligencia Emocional, Experta en Mediación Familiar y Madre de tres