nuestros-ninos-los-futuros-impulsores-de-la-sociedad-se-plantaran-en-la-adultez-sin-haber-disfrutado-de-espacios-de-decision-y-participacion-sin-haberse-sentido-merecedores-de-respeto-y-valor-en-su

Educar no es un don exclusivo ni una ciencia exactan ni siquiera una teoría que determinadas profesiones puedan arrogarse. Educar es sacar lo mejor de cada persona. Eso ocurre en el hogar, la escuela, en el barrio o el club de baloncesto. Si no que se lo pregunten a esas personas resilientes, que pese a sufrir una vida de penas gracias a un entorno maltratador o negligente, encontraron en una persona cercana justo la empatía y el cariño que  necesitaban para salir reforzados y más humanos de semejantes condiciones.

Sin embargo no podemos olvidar que aquellos entornos en los que más tiempo permanecemos inmersos tienen una mayor influencia en nuestro desarrollo. Uno de ellos es la escuela. A menudo pienso que la escuela (o algunos docentes), centrada en el saber académico, ha olvidado que los niños son educados todo el tiempo con las interacciones y experiencias que viven allá donde están. Que ese “en casa se educa, en la escuela se enseña” es una especie de quimera, solo aceptable si el ser humano fuera capaz de apagar todo los circuitos neuronales y receptores celulares relacionados con las emociones, para acumular datos y conocimientos, pudiendo darle al botón de “reset” una vez que atraviesa la puerta del colegio y deja de ser sujeto escolar por unas horas.

Por eso me tomo la libertad de hacer aquí algunas recomendaciones para las aulas, ya que los maestros educamos todo el tiempo. Y los niños recogen, para bien y para mal, todo lo que les transmitimos:

  1. Sé flexible con los tiempos siempre que puedas: los niños no son máquinas de precisión sino seres humanos, complejos y dotados de una gran capacidad para saber cuándo una actividad resulta estimulante y provechosa. No cortes su trabajo para poder completar los ejercicios del tema 6 de Matemáticas si están enfrascados en una creación teatral, artística o un juego.
  2. Los niños son seres humanos completos con los mismos derechos que los adultos: restringir las evacuaciones, saciar la sed o el movimiento de forma rígida, es un tipo demal-trato aceptado en muchos centros, sin que por ello sea menos grave. Confiar en los niños y permitirles satisfacer sus necesidades es un gran aprendizaje que necesitan desarrollar en la infancia, para poder llevar una vida saludable y tomar las mejores decisiones en su adultez, decisiones bañadas de responsabilidad y felicidad.
  3. Escucha a tus alumnos, es un derecho fundamental de la infancia reconocido en la Convención de los Derechos del Niño. Escuchar no significa preguntar su opinión o permitir que cuenten anécdotas sobre sus mascotas o vacaciones. Escuchar es plantear preguntas, fomentar el debate y facilitar que tomen decisiones en los asuntos que les afectan. Y todo lo de la escuela les afecta. Escuchar es una parte fundamental de otro derecho de los niños: la participación. Reducida a menudo a la elección de delegado y a establecer las normas de clase resulta insuficiente para formar a los futuros ciudadanos de nuestra sociedad.
  4. Puedes usar algunas palabras y frases muy útiles y educativas como: ¿qué necesitas?, ¿cómo estás hoy?, gracias por tu implicación, ¿crees que puedes revisarlo y hacerlo mejor?, puedes estar orgulloso de tu trabajo, ¿qué has aprendido?.
  5. Enséñale el valor de la empatía poniéndote en su lugar; enséñale el valor del diálogo preguntando su opinión y respetándola; enséñale el valor de la honestidad cumpliendo tus promesas; enséñales el valor de la tolerancia reconociendo sus virtudes sin compararle con otros; enséñale el valor del esfuerzo dedicando tiempo tú a aprender cómo atender la diversidad del aula; enséñale el valor de la convivencia realizando actividades grupales como seña de identidad de tu estilo de enseñanza; enséñale el valor de la responsabilidad evitando usar tu móvil o tablet para uso personal durante las clases; enséñale el valor de la paz trabajando los conflictos en cuanto aparecen, con herramientas adecuadas.
  6. Crea momentos de clase memorables: recíbeles al principio del curso con una actividad especial, en la que puedan aportar desde su experiencia y visión del mundo; comparte tiempo de juego con ellos; asómbrales con aparatos y cachivaches para que los desmonten; fomenta su participación en actividades solidarias y la búsqueda de soluciones para los problemas de la clase, del cole o sociales.
  7. Entrégales el protagonismo y el control sobre su vida celebrando asiduamente asambles de aula donde establecer normas conjuntas, resolver conflictos y hacer propuestas de trabajo.
  8. Respeta su mundo fuera de la escuela: mantén una comunicación constante con sus padres; infórmales de la evolución de su hijo con el respeto de quien sabe está ante las personas más importantes de la vida del alumno; elimina los deberes obligatorios y las tareas excesivas, que limitan el desarrollo de actividades beneficiosas y necesarias para un sano crecimiento.
  9. Supervisa las relaciones entre los alumnos, trabaja los conflictos en cuanto hagan su aparición, debate, escucha, pregunta y ayuda a las víctimas y a los hostigadores, ten en cuenta las quejas de un niño. Evita las etiquetas, comentarios irónicos y amenazas: esas actitudes fomentan la violencia.

Y si tienes dudas sobre si lo estás haciendo bien, es realmente sencillo: pide a tus alumnos que te evalúen.

Mª Pilar Gómez San Miguel-Fundadora y co-directora de REDEN

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